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05.04.09 Amanda Moon
Arena. Arena y más arena. Se cala en los ojos, en los pliegues de la piel, en los dientes, en el ombligo. En los recuerdos también se cala.
Delante de mí, un batallón. Mi batallón. Vagando por este laberinto sin puertas, reloj sin tiempo. La arena abduce almas a la vez que arrasa fronteras creando tal estado de confusión que ya no sabemos ni dónde estamos ni contra quién luchamos.
Debo equiparme antes de unirme al batallón. Mi batallón. Suerte que el arsenal está a nuestros pies. Bajo mis pies. La arena.
Armo mis bolsillos con abundantes puñados de arena para atacar al enemigo lanzándosela cruelmente a los ojos. Es nuestra estrategia. Quién sabe, a lo mejor les dejamos ciegos. Aunque para ciego, el oráculo que predijo que la Cuarta Guerra Mundial sería a pedradas.
Ya no queda ni una piedra.

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